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Argentina te Asesina
Para el buen funcionario del orden público:
Instrucciones sobre cómo callar a un hombre.
Coloque un par de medias en la boca del individuo y
amordacelo firmemente con un pañuelo anudado en la nuca.
Si aun amordazado insiste, con impertinentes balbuceos,
romper el delicado cristal de silencio, sométalo a una intervención quirúrgica
y extirpe sus cuerdas vocales, inutilizando así su lengua y privándolo del habla,
sin necesidad de coserle los labios o amordazarlo nuevamente.
Si sus insurgentes manos comienzan a hablar mediante el piano,
el pincel y el lienzo, el cincel y el mármol, el papel y el lápiz o a través
de cualquier otro modo de insubordinada expresión, ampútele los miembros superiores.
Si el sujeto acusa, denuncia y agita nuevos ruidos, sordos ruidos,
ahora desde sus ojos, ciegue el clamor de esos ojos, enmudezca sus pupilas en punzante penitencia.
Si es ahora su corazón, el que con grave jadeo rebalsa la celda
con ecos de baja frecuencia, haciendo que las rejas vibren,
las paredes vibren, el cráneo y toda materia vibre; entonces queme con
plomo tanta vocación para un solo músculo, aplaste tanta porfía,
tanto escándalo.
Una bala basta para callar a un hombre.
Pero advertimos que ni todas las balas del mundo, alcanzan,
para callar a un pueblo.
A los Argies, Muguruza, Cortazar, Poe y a los muertos de cualquier terrorismo,
a todos nuestros muertos.
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