Aprendiendo el arte de "dejar ir"

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Ahora, “no pienses, sólo dispara” tiene un significado más profundo para mí: según saco cada foto con mis cámaras de juguete, simultáneamente dejo ir la preocupación de si la saqué bien. Mientras presiono y dejo ir el botón del obturador, dejo ir el miedo de tomar una foto mala. Lee sobre cómo Lomography me ha enseñado a respirar fácilmente.

“¿Debo comprarme esta cámara plástica de juguete o no?". Comprar mi primera cámara lomográfica, una Holga 120 GCFN, fue algo en lo que deliberé por un largo tiempo. ¿Cuánto cuesta la película? ¿Cuántas fotos debo tomar al mes? ¿Cuánto cuesta revelar la película? ¿No será más costo-efectivo a la larga una SLR digital?

Me tomó un mes de investigación y de probarme a mí misma si estaba siendo impulsiva o si realmente valía la pena. Luego de decidir comprarla, mi próxima gran decisión era de color comprar la Holga. Cuál color era 1) el más práctico, 2) el más interesante, 3) el más atractivo y 4) el de mayor valor de reventa.

Puedo obsesionarme con el detalle más insignificante cuando decido “meterme” en algo. Me han llamado una planificadora, alguien que piensa demasiado las cosas, una nerda y, el que más odio, una controladora obsesiva. Una característica como esa podría llevarme a una vida de éxito profesional, sí, pero no parece que será una vida feliz y satisfactoria.

No habría podido imaginarme que a través de esta pequeña cámara de juguete, aparentemente infantil, rompería esta obsesión sobre el control y, poco a poco, la convertiría en una perspectiva que era mucho más básica, simple y a tono con la vida.

Primeras impresiones

Tan pronto saqué mi Holga de la caja, mis primeros pensamientos fueron de decepción en cuanto a la manera en que las cámaras de plástico… bueno… eran sólo juguetes de plástico que funcionan como cámaras. Aunque me tomó un poco de tiempo, ¡la belleza de su simplicidad me tomó por sorpresa! Todo comenzó y progresó con cada rollo que procesaba.

Mis primeros rollos estaban muy lejos de ser impresionantes. Como novata, tomaba cada foto cuidadosamente para minimizar el desperdicio de la película. Como novata, ¡fallé! Saqué varios rollos que tenían desde ninguna foto buena hasta sólo unas cuantas fotos mediocres, pero algo me mantenía optimista, inclusive retado. En cierto sentido, mi lado analítico contribuyó bastante en mi trabajo. Como estaba determinada en sacar fotos buenas, me negaba a seguir la regla popular de “no pienses, sólo dispara”. En vez de eso, aprendí la regla de “Sunny 16” y todas las demás técnicas básicas de la fotografía.

En la senda del conocimiento

Pronto le cogí la vuelta a las películas y a las cámaras de película, y poco a poco entendí las limitaciones de mi Holga 120 GCFN. Por un tiempo, estuve atrapada entre querer aprender sobre fotografía de la manera más sencilla versus comenzando a usar tecnología nueva. Ser una controladora obsesiva no me predisponía a disfrutar la simpleza y la falta de complicaciones de las cámaras de juguete. Pero, como mencioné, la simplicidad de la cámara y de la fotografía echó raíces en mí. Con el tiempo, me acostumbré a los escapes de luz y a las fotos imperfectas Y me empezaron a encantar. Antes odiaba cómo el enmarcado era impreciso y difícil con las cámaras que no son SLR, pero ahora es tan sencillo como tener una foto a la que se le cortó la cabeza del modelo o que aparezcan extraños al final del marco. Y es perfecto tal como es.

Dejando que la vida fluya

No importa si no obtengo exposiciones perfectas; lo que me importa es el momento que he capturado —¡el evento, la gente, la diversión, el amor!—. En cada foto tomada, ya sea sobreexpuesta o no, aparece la vida a través de mis ojos (¡y técnicamente a través de un objetivo plástico también!). Cuando tenía una cámara digital, probablemente hubiese malgastado mucho tiempo y muchas oportunidades revisando la pantalla LCD y retomando las fotos hasta que salieran perfectas. Sin embargo, con mi Holga, ya hubiese tomado varios ángulos de un solo lugar, persona o evento… Y todas son perfectas, únicas e imposibles de reproducir.

Lo que aprendí de mi Holga no fue solamente la regla de “Sunny 16” o cómo componer fotos de formato cuadrado. Aprendí a dejar ir muchos pensamientos y reglas auto impuestas que me han prevenido de ver la simplicidad y la belleza de la vida. Eso, en mi opinión, justifica bastante todo el trabajo que paso buscando película expirada, el costo de importar cámaras que se supone que sean baratas, tener que esperar a que los rollos se terminen y después se procesen… Todo vale la pena.

Este artículo se publicó originalmente aquí
Puedes enterarte de las demás hazañas de esta escritora visitando su Lomohome

written by ak47lomogurl on 2010-10-25 #lifestyle #dejar-ir #kara-hizonsimplicidad-belleza-apreciacion-vida
translated by isabelbatteria

3 Comments

  1. cripeka
    cripeka ·

    muy buen artículo y también muy bien la traducción! muchas gracias

  2. blancarleal
    blancarleal ·

    Gracias, gracias y gracias por la traducción... Genial!

  3. isabelbatteria
    isabelbatteria ·

    Wow, no puedo creer que hayan notado la traducción. Lo traduje porque me pareció un artículo muy bueno que quise compartir con más personas. Un millón de gracias, y gracias a la autora que lo escribió ;)

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