Lo siento, tengo el dedo digital (Taller 'Secretos con Lubitel')

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“Doctor, doctor, ¡hago fotos sin parar y todas me salen mal!, ¿qué me pasa?”, “Padece usted la enfermedad del “dedo digital”, “¿Y cómo se cura eso?”…Nos libramos de nuestro dedo digital gracias al taller ‘Secretos con ’Lubitel’. Nada más curativo que una lomo.

Un hombre que va al médico: “¡Doctor, doctor!¡Tengo una obsesión compulsiva!”, “Cuénteme, ¿qué le pasa?”, “Voy por la calle y hago fotos sin parar: a los cables de las obras, a los perros meando o las señoras en los bancos, ¡todo me parece una buena foto! Pero luego la mayoría me salen mal…”, “Usted tiene la enfermedad del siglo XXI: tiene el dedo digital, un vicio producto de la proliferación de las cámaras digitales”, “¡Dios mío, doctor!, ¿y es grave?”, “No se preocupe, le extiendo una receta. Cómprese usted una cámara analógica, a poder ser lomográfica, ya verá como se le cura el dedo digital”

Este pequeño ‘gag’ es en realidad, es un calco de lo que me pasó cuando vi el resultado de las instantáneas que tomé en el taller ‘Secretos con Lubitel’. La cita era en Madrid, más concretamente, en el ‘analógico’ Barrio de las Letras. El adjetivo no se lo he puesto yo (ya sabéis, padezco de dedo digital), si no Pasquale Caprile, embajador lomográfico en España.

Antes de soltarnos a la calle, cuatro instrucciones en la tienda (incluyendo perritos de colores hechos con globos para fotografiar en emplazamientos de la capital. Todo muy Amelie). Todos con nuestras Lubitel (en prestamo: “quien la rompe la paga”) salimos corriendo de Echegaray 5 cual niños que salen de la guardería y se lanzan a los brazos de sus padres. Y aquí empezó mi enfermedad: el dedo digital.

A todo le quería hacer fotos. Un balcón con unas macetas, un chicle pegado en el suelo, una montaña de ladrillos…Ansiedad por capturar imágenes, disparar, disparar, disparar. Antes de pasarme a la lomografía, me echaba mi reflex al hombro y sacaba 500 fotos (lo juro) en cada viaje. Y luego, al verlas en la pantalla de mi ordenador, no entendía por qué sólo eran buenas unas docenas. Era el principio de mi enfermedad.

No quiero decir que un chicle en el suelo no sea digno de gastar un disparo. Digo que, por culpa de la cámara digital, me olvido de lo más importante: pensar qué quiero conseguir con el ‘click’ del obturador, de buscar una composición inspiradora, de cuál va a ser el signifido de mi foto o de visualizar el resultado. Para hacer una foto hay que pensar, tomarse su tiempo, hacer de cada foto un ritual, que en estos tiempos de comida rápida, telebasura y de Zaras en cada esquina, nos hemos olvidado de que esperar por algo también puede ser embriagador.

Con la Lubitel a cuestas
Así que me gasté cinco fotos locas con mi Lubitel sin esperar a que la segunda guía, Adriana, llegara corriendo con el fotómetro para que no destrozara una de mis doce oportunidades. Vale, la próxima vez, en lugar de gastar tontamente mis fotos para calmar mi ansiedad, mejor me fumo un cigarro.

Madrid arriba, Madrid abajo fuimos sacando fotos a nuestros ‘globoperritos’ en distintas situaciones (sentado en un banco, detrás de unas rejas, volando hacia el cielo…) hasta que, la verdad, nos cansamos de cargar con él, la cámara, el abrigo y el bolso. Todos nuestros globitos se quedaron de sobremesa en ‘El Brillante’, sinónimo de bocata de calamares y caña, por lo que he leído en varios ‘post’ de otros talleres.

Al estrenar tarde y segundo carrete (B&N) empecé a curarme de mi ‘dedo digital’. Más calmada empecé a ver fotos de verdad. Un carrito con mellizos. Sí, muy monos, pero pensé, “voy a darle mi toque a la foto”. En la misma instantánea fotografié unas rejas para que salieran encima. El resultado es cuanto menos alegórico. La verdad es que la Lubitel te da unas posibilidades increíbles.

Pero mi cura fue esta foto. Una joven de origen chino en una tienda de ultramarinos. Ví la foto, sabía lo que quería conseguir: quería su mirada, mitad asustada, mitad intrigada. Y allí me planté ante el cristal, disimulando como si en realidad estuviera haciendo una foto de los bollos del escaparate. Y esperé. Adriana empezó a tirarme del brazo:
—“Que se van , que nos vamos a perder”
—“Solo un segundo, solo quiero que me mire….”

Y miró. Click. Ahora estás atrapada en mi cámara.

Ese día hicimos 36 fotos cada uno. Cuando las ví supe qué fotos eran fruto de un ‘dedo digital’ y cuales no. Para hacer una foto hay que sentirla antes de hacerla, y en las imágenes se nota la frialdad de un ‘dedo digital’ y el calor y el mimo de una Lubitel. El taller fue maravilloso. Y eso que nadie no nos perseguían con que cuidáramos el diafragma, la profundidad de campo o la velocidad. La que nos enseñó fue la cámara.

Una sabia joven dijo durante el taller: “Con las cámaras digitales no se aprende a hacer fotos”. Al menos para mí ha sido verdad. Creo que me estoy recuperando de mi dedo digital. Gracias a la Lomografía. Gracias a la Lubitel.

written by mafgon85 on 2010-03-29 #news #digital #madrid #taller #b-n #lomografia #analogico #barrio-de-las-letras #secretos-con-lubitel #intantanea #echegaray

5 Comments

  1. ivanlogra
    ivanlogra ·

    Que bonito :)

  2. nikkaxxx
    nikkaxxx ·

    Realmente una bonita historia.

    A principios de mes escribí en mi blog algo sobre este tema. Y mi defensa que hago de la Lomografía en este aspecto. Me hizo gracia lo del dedo digital...ya que fue mi conclusión a la entrada jajjajaja.

    En mi caso nunca he tenido una reflex digital. Defiendo la lomo como vía por los que muchos se han adentrado en la manera en la que hay que empezar en la fotografía, que es la analógica!! Sea con la cámara que sea :D :D

    Te invito a leer el post ;)

    nikkaxxx.wordpress.com/2010/03/05/hoy-toca-reflexionar/

    Me ha encantado tu historia :D

    XxX

  3. carlotaylomogrphy
    carlotaylomogrphy ·

    ¡MAFALDA, VAYA PEDAZO DE ARTíCULO!! me a encantado, tienes toda la razon, deberdad una historia preciosa te felicito!:)
    xxx

  4. susielomovitz
    susielomovitz ·

    buenísimo este artículo! BUENÍSIMO!!!

    y la foto de la chica y su mirada es espectacular, enhorabuena por esperar!

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