Paseando por el Cementerio de Père-Lachaise

El inmenso cementerio de Père-Lachaise es utilizado por muchos parisinos como lugar de paseo, para alejarse del estrés producido por la gran ciudad. Las inmensas arboledas y la paz que respira un lugar como aquél, hacen de él un lugar muy especial.

Salimos por la salida de metro más cercana al cementerio según la guía. Preguntamos a una simpática señora en un francés un tanto cuestionable:

- ¿Para llegar al Cementerio de Père-Lachaise…?
- Está aquí al lado, pero deberíais ir a Rue Gambetta y empezar desde allí. Así todo será cuesta abajo.

Llevábamos unos días bastante ajetreados y pensar en recorrer un inmenso cementerio cuesta arriba nos daba mucha pereza. Cogemos y nos damos un agradable paseo hasta la Rue Gambetta. Una vez allí vemos un gran letrero que indica una de las entradas al cementerio.

Todos teníamos muchas ganas de visitarlo. Antes de llegar sabíamos que sería un lugar especial. Tantos misterios, tantos ilustres, cuántas vidas había allí encerradas.

Al entrar, preguntamos al guarda si existía algún mapa de mano, para no perdernos. Nos dice que no, que ‘no quedaban’. Bueno, asentimos y seguimos adelante. Encontramos un cartel con un mapa del cementerio. Le hacemos una foto con nuestra cámara digital y seguimos andando.

Al entrar se sabe que allí fluye la historia. Fue creado a principio del siglo XIX, cuando se decidió crear en París nuevos cementerios a las afueras para reemplazar los antiguos. Al mismo tiempo que se creaban otros cementerios como el de Montmatre o el de Montparnasse, se creó el cementerio de Père-Lachaise.

El inmenso cementerio es utilizado por muchos parisinos como lugar de paseo, para alejarse del estrés producido por la gran ciudad. Las inmensas arboledas y la paz que respira un lugar como aquel, hacen de él un lugar muy especial.

Una vez dentro comenzamos a bajar hacia el sur. Cerca de la entrada norte nos encontramos con el columbario, un lugar bastante extraño. Recuerda a un atrio porticado que guarda en su interior un millar de tumbas. Justo en el medio de aquel espacio, una pequeña capilla destinada a oficiar los servicios.
Seguimos adelante. Aquello parece una auténtica ciudad de los muertos, con sus diversos distritos y sus calles de curiosos nombres.

Llegamos a la primera parada obligatoria: la tumba de Oscar Wilde. Nos quedamos allí un rato, disfrutando de la paz. Pensamos en su genialidad. Leemos algunas de las dedicatorias de sus fans, y cómo no, algunas de mis acompañantes se atreven a plasmar unos intensos besos rojos en el monumento funerario, como manda la tradición.

Seguimos caminando entre pequeños mausoleos y tumbas bajas. Historias de hace un siglo se mezclan con historias de hace décadas. Nos es imposible no imaginar cómo fueron algunas de aquellas vidas, inventarnos su final. A veces eran finales trágicos, no hay mejor ciudad que París para un final trágico. Otros eran finales felices y otros, agridulces.

Giramos una esquina y sentimos que a pocos metros hay alguien importante. Unas notas se vienen a nuestra cabeza ‘Non! Rien de rien. Non! Je ne regrette rien’. Nos acercamos a la tumba de Edith Piaf y, al contrario que nos imaginábamos, nos encontramos con una de las sepulturas más sobrias del cementerio. La sobriedad de la tumba se contrarrestaba con la calidez de las muestras de afecto de sus innumerables seguidores.

Después seguimos caminando entre tumbas y más tumbas. Mondrian, Daumier, Delacroix, Isadora Duncan… Hasta que llegamos a una de las tumbas más míticas y parada obligatoria de Père-Lachaise: la tumba de Jim Morrison.

Allí hicimos un alto, nos sentamos junto a otros seguidores. Encendimos un reproductor de música y escuchamos ‘People are strange’. Tras un tiempo, decidimos que era hora de marchar, aún nos quedaba mucho por ver en París.

Fuimos saliendo del cementerio, encontrándonos con otros tantos nombres ilustres. Llegamos a la Rue du Repos, la macabra calle que lleva a la salida del cementerio. Allí encontramos la tumba provisional que está justo a la entrada. Bajo una estructura que recordaba a las marquesinas del metro parisino, había un montón de flores. Estaban frescas, no haría mucho que habían enterrado a alguien allí, a la espera de que el lugar de su descanso eterno estuviese listo.

Visitar el cementerio de Père-Lachaise nos llevó toda una mañana pero mereció muchísimo la pena. Sus calles, sus tumbas, su vegetación, hacen de aquél, un lugar muy especial.
Si no podéis esperar para visitarlo, la página web del cementerio permite una visita virtual, además de informar sobre todos los personajes famosos que yacen allí.

Más información:

Página web del Cementerio de Père-Lachaise=
Wikipedia

Fotos: Diana Mini + Ilford HP5 400

written by aranmanoth on 2011-11-01 #places #location #paris #paseo #jim-morrison #cementerio #tumbas #pere-lachaise #art-and-culture

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