Con Z en Londres

Cuando estaba en el abismo, apareciste tú. Cuando aun no conocía mis alas, me las hiciste reconocer. Me cogiste de la mano y me enseñaste un lugar donde podía estar protegida de todo lo que me dañaba. Me mimaste, me alimentaste y me llamaste "tonta". Lloré de la alegría al conocer, al fin, a alguien como tú.