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Diario de un viaje - Affiniam - Tercera parada

Vivir en medio de la selva tiene sus pros y sus contras. La gente de Affiniam eligió ese lugar para esconderse de las guerras, estar oculto para no ser vistos, rodeados de árboles centenarios, fruta, arroz, y una cantidad enorme de mosquitos.

Llegar a Affiniam te evoca expediciones coloniales del pasado. El embarcadero te deja a un kilómetro y medio del espesor verde de la selva. Salvo por un refugio lleno de pintadas tipo “Yo estue aquí” y unos baños que mejor no utilizar (no sabes si lo que se mueve es tu imáginación, delirante por un calor húmedo del que no puedes escapar), no atisbamos presencia humana alguna. Miras a lo lejos y no ves más que un verde frondoso. Nos encaminamos bajo la lluvia hacia la verde espesura y poco a poco vemos vida. Unas vacas por aquí, un campo de trigo por allá, cangrejos violinistas escondiéndose a nuestro paso.

Nos adentramos en la selva y vemos desperdigadas casas redondas de adobe. Una de ellas es nuestro campamento. Una casa impluvium. En la región de Casamance, casi todos los pueblos diola cuentan con una case à impluvium por lo menos. Se trata de una enorme casa circular de adobe con una estructura de madera de mangle y palmera y con un tejado de paja. Históricamente, la gente solía refugiarse en este tipo de casas en épocas de guerra. El agua de la abundante lluvia se recogía ( aún se hace) a través de un agujero en el tejado (por donde también entra una maravillosa luz tamizada). Lo malo de nuestro alojamiento es que no disponemos de electricidad ni agua corriente. Una ventaja para los lomógrafos ya que no hay donde cargar las baterías de cámaras digitales.

Paseamos por el pueblo saludando a los lugareños, que nos invitan a vino de palma y a vino de cacahuete, entre enormes acacias, fromagers y baobabs enormes. El paseo se ve salpicado de mujeres que llevan sus niños de un lado a otro mientras realizan sus tareas comunes, de niños que nos llaman lulus mientras piden algún caramelo o algún boli para la escuela. Un dato curioso: el 95% de los niños del país está escolarizado y la verdad es que parecen entusiasmados por aprender.

A la noche nos invitan a un festejo local y terminamos con una guitarra cantando y contando chistes. Al finalizar el día, tengo la sensación de que, de todos los lugares que visite en Senegal, éste pequeño poblado será el lugar más genuino y agradable de todos. Luego, ya en nuestras camas con mosquitera, empieza el terible camino al sueño mientras centenares de mosquitos nos atacan y el calor abrasador hunde mi cuerpo en la sábana. Supongo que esta es la razón por la que no todo el mundo viene a vivir a este paraíso.

El día siguiente, nos levantamos y desayunamos café soluble, pan y varios tipos de mermelada, pero encima de la mesa también vemos un bote de Nocilla. Nos atiborramos, compramos un par de botellas frías de agua y nos dirigimos a nuestra canoa mientras nos despedimos no sin tristeza de las gentes del poblado. La lluvia que ha caido durante la noche casi ha hundido nuestra piragua. Una vez solucionado el problema, nos dirigimos a la siguiente parada de nuestro viaje, Seleki.

written by disdis

1 comment

  1. jaalvarez

    jaalvarez

    Si cierro los ojos (el problema es que no puedo leer ...) estoy seguro de imaginarme que estoy allí ... ¡¡Me han encantado estos álbumes de fotos, y tu artículo es el broche perfecto!!
    ¡Felicidades!

    almost 4 years ago · report as spam

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